Es sabido que cada organismo cumple una función determinada y como en una avalancha, cuando la primera piedra comienza a rodar ya no hay marcha atrás y nuevos elementos se verán arrastrados. En las regiones áridas de la Patagonia extraandina, la naturaleza les ha asignado a animales muy pequeños una responsabilidad muy grande. Por ejemplo, algunos artrópodos como los arácnidos y los insectos, son los encargados de reencauzar la energía que se pierde, nuevamente al ecosistema.
En este sentido, los escarabajos tenebriónidos son principalmente detritívoros (es decir que obtienen su comida de materia orgánica en descomposición) y luego de alimentarse, su excremento, que posee alto contenido de nitrógeno y de fósforo, se degrada rápidamente. Ambos nutrientes reingresan al ecosistema y vuelven a ser utilizados en la germinación de nuevas plantas.
Esto permite la recirculación de buena parte de la energía que de otra manera se perdería. Además, debe considerarse que la cantidad de especies de artrópodos que habitan en esta región de Patagonia es múltipley variada. Solía creerse que la diversidad de estos animales era escasa en la zona y sin embargo, solo en Puerto Madryn, existen aproximadamente más de 60 variedades de escarabajos, 40 de arañas, 12 de hormigas y 4 especies de escorpiones.
Así en este mundo de pequeños animales comienzan a apreciarse procesos que a priori son imperceptibles y que sin embargo son trascendentes no solo desde un punto de vista ecosistémico, sino que también resultan útiles para la comunidad en general.
Estos animales son muy sen-sibles a las modificaciones ambientales y dado que cada grupo puede responder de manera diferente, la gran diversidad de especies presentes nos permite contar a los científicos con una gran cantidad de herramientas para predecir y entender estos cambios. Así estos organismos adquieren una importante capacidad de aplicación práctica. Nos permiten, por ejemplo, monitorear cambios vinculados al efecto del pastoreo, la desertificación y del fuego.
En el año 2000 sucedió en la ciudad de Puerto Madryn un gran incendio y en la actualidad hay ambientes que a simple vista no parecen haberse quemado nunca y sin embargo la comunidad de artrópodos indica lo contrario.
La vegetación en los lugares que han sido afectados por el fuego puede tener la plasticidad de recuperarse rápidamente y entonces en el corto plazo, estas zonas ya no aparentan haber sido arrasadas. En cambio, las modificaciones que se producen en la comunidad de artrópodos, persisten largamente. Si bien los ensambles que conforman estos animales se recuperan con el tiempo, nunca vuelven a ser exactamente idénticos. Esos pequeños desbalances son para nosotros indicadores importantes.
Otros cambios ambientales que estos seres diminutos permiten indicar se vinculan a la fragmentación o recomposición del ecosistema. Por ejemplo, las diferentes intensidades de pastoreo ovino producen cambios relacionados con la fragmentación de la vegetación y la compactación del suelo que afectan a la fauna de artrópodos. Esto también nos permite predecir los cambios ambientales y funcionales del ecosistema mediados por la intensidad del pastoreo y dar recomendaciones de manejo orientadas a obtener una mejor rentabilidad de sus campos a los productores ovinos.
De esta forma, es la mismísima naturaleza la que propone mecanismos de regulación y adaptación en la vida de estos animales y que a veces resultan alterados por la mano del hombre.
Ejemplo de esto es la introducción deliberada de fauna para controlar un problema ambiental o incrementar la producción. Al suroeste del país viven dos especies exóticas de abejorros del género Bombus (B. ruderatus y B. terrestres), ingresadas desde Chile. Fueron introducidas deliberadamente para aumentar el rendimiento de algunos cultivos. Estas especies compiten con una nativa por las plantas de las que obtienen néctar y se ha constatado un reemplazo casi absoluto del abejorro nativo en la polinización de algunas hierbas endémicas.
Los abejorros introducidos muestran una mayor preferencia por especies no nativas, siendo los principales visitantes florales de cardos exóticos. De esta manera, es muy probable que estos abejorros no nativos también aceleren la expansión de estas malezas, favoreciendo así al proceso de invasión.
Otro ejemplo de intervención humana y que también puede generar un desequilibrio ambiental, es la fumigación descontrolada.
Las tucuras forman parte del grupo de langostas (Familia Tristiridae) especializadas en vivir en el desierto y no vuelan porque invierten su energía en reforzar su exoesqueleto. Estos animales en general son solitarios pero por alguna situación ambiental que aún no pudo determinarse, al oeste de la Provincia de Santa Cruz, Chubut y Río Negro, se congregan en poblaciones gigantescas.
Se han llegado a contar 4 o 5 individuos por metro cuadrado – una cantidad altísima– y comen todo lo que encuentran. Para combatirlas, una de las estrategias utilizadas es realizar fumigaciones generalistas que matan no solo a este grupo animal en particular, sino a todos los que habitan la zona. A veces una pequeña modificación introducida por el hombre en la naturaleza lo que provoca es una interrupción de todo un proceso ecológico de trascendencia ambiental.

Un pequeño animal que deja una gran huella

AUTORES

cheli@cenpat-conicet.gob.ar

Germán Cheli
Alejandro Cannizzaro

 

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